jueves, 9 de abril de 2009

Microcuento VII. La alcoba


Y de esta manera descubrieron al fin cómo era el cielo. Sus labios se acercaron, erizándose el vello, explorando sus lenguas en un atrevido ritual. Ella, cerrados los ojos, sintió como aquella lengua vaciaba su boca y lentamente recorría sus labios, bajando por su cuello, despacio, dejando a su paso un húmedo sendero ardiente, hasta llegar a sus pechos. Se estremeció, dejando caer la cabeza hacia atrás, sintiendo erizar sus pezones al ser tiernamente atrapados por aquellos labios, tan insolentes y deseados a la vez… Los labios de su amiga… La lengua siguió bajando, mojando su ombligo, recorriendo la senda de su vientre, el tiempo detenido, los sentidos desbocados, un volcán de lujuria a punto de explotar entre sus piernas.

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