lunes, 6 de abril de 2009
Microcuento II. Madrugada
Y un postrero hilo de veneno derramado de las copas tiñó de amargura el mantel…Martha despertó sobresaltada, sólo había sido un mal sueño. Palpó al otro lado de la cama pero Peter no estaba. Se levantó agitada, miró el reloj, las cuatro de la madrugada, se dirigió a la cocina y llenó un vaso de agua apresuradamente. Mientras bebía aún podía sentir cómo su garganta se inflamaba al paso del fatal veneno. Respiró profundamente pero no encontró alivio, algo iba mal, y clavando sus ojos en la mesa donde tantas veces ella y Peter habían desayunado juntos halló una nota. Mientras leía, una lágrima furtiva recorrió su rostro cansado. Martha regresó a la cama, comprendió entonces que Peter jamás volvería.
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